Autorretrato 


Al recorrer la última producción de Lucas Marín podemos ver en las pinturas, y más aún en los dibujos, la articulación de dos registros de la representación. Por un lado, las formas giran en torno a  una figura central, que reconocemos como autorretrato del artista. Por otro lado, una serie de trazos van conformando una caligrafía singular, líneas que se van  torciendo y plegando sobre sí mismas en una escritura que solo conserva lo gráfico y lo estilístico. Son fragmentos que no alcanzan a representar palabras. Signos que arman una escena, construyen un objeto que apenas podemos vislumbrar o invaden el espacio donde los personajes están inmersos. Lo especular del autorretrato y su centralidad imaginaria son atravesados por la caligrafía como un registro del cuerpo del artista que lo ubica en un tiempo y en un espacio. El gesto que la hace visible se consuma en el mismo acto que la produce. No hay un antes o un después, solo quedan sus indicios en una voluntad de forma que permanece en el límite de lo reconocible.

Podemos pensar este grupo de obras como un doble autorretrato, donde la representación del propio artista y su universo de objetos es refrendado por lo gestual-caligráfico. Escritura efímera, en constante formación, y que se relaciona con aquella practicada por los budistas con agua sobre el piso. La evaporación hace desaparecer lo que se escribe, fragmento a fragmento en un presente diferido que es borrado para siempre. En este sentido, el artista nos muestra un mundo donde algunas cosas son muy claras y otras están en desarrollo. El gesto que las construye, ese que no intenta constituir un objeto, podría ser el rastro que dejan las palabras al ser pronunciadas, ese eco que solo perdura unos instantes antes de disolverse en la memoria.

Pablo De Monte, 2012
Lucas Marín   artista visual - buenos aires - argentina - lucastrompo@gmail.com
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